Boquete flaco

Boquete flaco

Con sacos, gorros y hasta toallas sobre las piernas, mis huesos se helaban y solo deseaba descender. Del hostal al mercado, del mercado a la plaza, de la plaza al restaurante acompañando a Gabo, mi compañero de viaje en Boquete a tocar la jarana, y del restaurante a escuchar a Pancho, el ansioso dueño del hospedaje al que le costaba terminar un tema, una frase, una palabra y quien nunca habló sobre los caníbales en su apreciada información turística.

Yo ya lo había pensado, lo quería hacer y el acomedido Gabino ya había averiguado sobre el Sendero los Quetzales para la pequeña aventura. Listas las débiles mentes para la paranoia.

Entre risas todos contamos las historias que habíamos escuchado acerca de animales hambrientos, lugareños violadores y cómo no, indígenas caníbales.

Los primeros minutos fueron de risa y relajación, el paisaje de montaña nublado, nos recordaba que Boquete era el lugar del que no queríamos partir pronto. Cuatro kilómetros de bosque caminaron nuestros pies.

Si el nombre del sendero era Los Quetzales, se suponía que podríamos ver al menos una de estas regordetas y hermosas aves centroamericanas pero no fue así. La divertida caminata de charla y fotos se transformó en una lucha mental para no rendirnos y quedarnos a mitad de camino. A Dani la agotaba el ascenso y tras varias pausas la noche comenzó a amenazar con su llegada, mientras yo agotada pero poseída corría para huir de las víboras nocturnas, sean lo que fuesen, culebras o no.

No estaba dispuesta a silenciar los esquizofrénicos ruidos que se pudieran presentar en medio de la oscuridad y los caníbales expectantes. El clímax de mi estado mental llegó justo en el mejor momento de la noche.

El menos paranoico de las cuatro mentes dementes, me invitó fuera de la carpa a ver la luna llena que iluminaba el bosque tan claramente que no parecía la noche. O los caníbales estaban embelesados con la luna, o nos vieron muy flacos para una suculenta cena y hubiesen tenido que engordarnos como marranos. La noche estuvo perfectamente iluminada y hermosa.

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